La revisión terminó reconociendo graves deficiencias en el procedimiento de expulsión.
La sanción fue anulada.
El expediente de Emiliano fue corregido.
El director dejó su cargo meses después.
La institución anunció cambios en la recepción y conservación de testimonios.
Todo aquello era importante.
Pero había una cosa que ninguna resolución podía devolver.
Los tres años que Emiliano había perdido.
No podía recuperar las clases a las que nunca asistió.
Los amigos de los que se alejó.
Las oportunidades que desaparecieron.
Ni aquella ceremonia de graduación en la que debería haber estado junto a sus compañeros.
Una tarde hablé con la señora Ofelia.
Nos encontramos afuera de una tienda.
Le pregunté cómo estaba Emiliano.
—Trabajando —respondió.
—¿Está bien?
La mujer tardó en contestar.
—Está saliendo adelante.
Después añadió:
—Pero no crea que porque ahora un papel dice que era inocente, todo vuelve a ser como antes.