—¡Cuatro años, Susan! ¡Cuatro años viéndome a la cara, entrando en mi casa, sentándote a mi mesa y escuchándome hablar de mi matrimonio, mientras sabías que Robert tenía una hija a la que yo ni siquiera conocía!
Susan se cubrió la boca.
—Lo siento.
—No vuelvas a decirme que lo sientes hasta que me hayas contado absolutamente todo.
Asintió.
Y entonces comenzó la confesión que cambiaría para siempre la historia de nuestra amistad.
PARTE 3: La verdad sobre aquellas llamadas telefónicas
Susan se sentó frente a mí.
Me explicó que Emily había encontrado a Robert a través de una antigua conocida de su madre. Al principio, él había temido que aquella mujer quisiera dinero o que intentara destruir nuestra familia.
Pero Emily no quería nada de eso.
Solo quería conocer a su padre.
Se habían encontrado por primera vez en una pequeña cafetería, lejos de nuestra ciudad. Robert había regresado a casa aquel día más silencioso de lo habitual.