Después de 42 años de amistad, mi mejor amiga me pidió que nos tomáramos una última foto juntas. Luego me reveló un secreto que lo cambió todo

Me levanté lentamente.

Durante unos segundos, sentí deseos de marcharme de aquel hotel, regresar a casa y no volver a ver a ninguna de las dos.

Pero entonces pensé en aquella mujer que había pasado años sin conocer a su padre, en los encuentros secretos y en las conversaciones que yo nunca había escuchado.

Emily no era responsable de las decisiones de Robert.

Y yo necesitaba saber quién era.

—Quiero conocerla —dije.

Susan cerró los ojos y dejó escapar un sollozo de alivio.

—Gracias.

—No me des las gracias. Todavía no sé si podré perdonarte.

Asintió.

—Lo entiendo.

Abrí la puerta.

Y allí estaba Emily.

PARTE 4: La mujer que tenía los ojos de Robert

Tendría unos cuarenta años.

Llevaba unos vaqueros, una blusa azul y un pequeño bolso cruzado sobre el hombro. Tenía el cabello castaño recogido en una coleta y apretaba entre los dedos una fotografía.

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