Me levanté lentamente.
Durante unos segundos, sentí deseos de marcharme de aquel hotel, regresar a casa y no volver a ver a ninguna de las dos.
Pero entonces pensé en aquella mujer que había pasado años sin conocer a su padre, en los encuentros secretos y en las conversaciones que yo nunca había escuchado.
Emily no era responsable de las decisiones de Robert.
Y yo necesitaba saber quién era.
—Quiero conocerla —dije.
Susan cerró los ojos y dejó escapar un sollozo de alivio.
—Gracias.
—No me des las gracias. Todavía no sé si podré perdonarte.
Asintió.
—Lo entiendo.
Abrí la puerta.
Y allí estaba Emily.
PARTE 4: La mujer que tenía los ojos de Robert
Tendría unos cuarenta años.
Llevaba unos vaqueros, una blusa azul y un pequeño bolso cruzado sobre el hombro. Tenía el cabello castaño recogido en una coleta y apretaba entre los dedos una fotografía.