Richard tardó un segundo en responder.
—Sí. Estamos negociando una ampliación del acuerdo.
El responsable de operaciones cerró la carpeta.
—Entonces tendrá que declarar ese vínculo en la revisión. La compañía quiere asegurarse de que cualquier decisión sobre su viaje se adopte de forma independiente y quede debidamente documentada.
Richard miró a Zara.
Por fin comprendió que aquella situación podía tener consecuencias que iban mucho más allá de un asiento.
No porque Zara fuera una adolescente poderosa.
Sino porque el incidente había quedado registrado, había testigos y existía un procedimiento que debía cumplirse.
El hombre de la carpeta roja se volvió hacia Elizabeth.
—La salida se autorizará cuando se completen las comprobaciones habituales y el capitán confirme que todo está en orden.
Después se marchó hacia la puerta.
Richard permaneció sentado, mirando sus manos.
Al cabo de un rato, levantó la cabeza.