Cuando Daniela necesitaba dinero, todos corrían a ayudarla.
Cuando yo necesitaba algo, me decían que era fuerte, responsable y capaz de resolverlo sola.
Mi abuela había sido la única que me preguntó una vez:
«Sofía, ¿quién te cuida a ti cuando eres tú la que cuida de todos?».
Nunca olvidé aquella pregunta.
Y tampoco olvidé su última advertencia:
«No permitas que nadie te haga sentir culpable por conservar lo que has construido con tus propias manos».
Cerré la carpeta.
—No voy a firmar ningún documento para transferir mi propiedad. Si alguien intenta falsificar mi firma o presentar documentos sin mi autorización, hablaré con mi abogado y tomaré las medidas legales correspondientes.
Mi padre dejó la escritura sobre la mesa.
—Nadie va a falsificar nada. Somos una familia.
—Entonces no debería haber ningún problema en respetar mi decisión.
Recogí mis bolsas.