Daniela bajó las escaleras en ese momento, vestida con un pijama de seda que yo le había regalado en Navidad.
Al ver las bolsas, abrió mucho los ojos.
—¿De verdad te vas a mudar? ¿Y dónde vamos a vivir Arturo y yo después de la boda?
—Eso tendrán que decidirlo ustedes.
—¡Pero mamá me prometió que el departamento sería mío!
—Pues mamá prometió algo que no le pertenece.
Daniela comenzó a llorar.
Mi padre se levantó y me tomó del brazo.
—Sofía, piensa bien lo que estás haciendo. No quieres que la familia te dé la espalda por una propiedad.
Me solté con cuidado.
—Papá, llevo años poniendo a esta familia por delante de mí. He pagado cuentas que no me correspondían, he prestado dinero que nunca volvió y he renunciado a muchas cosas para comprar ese departamento. ¿Y ahora me amenazas porque quiero vivir en él?