—¿Y qué tiene que ver mi departamento con eso?
Mi padre bajó la cabeza.
—Tu madre y yo pensamos que, si Daniela se instalaba contigo, podría ahorrar dinero durante un tiempo. Después, cuando Arturo consiguiera un puesto mejor, ellos podrían ayudarnos a pagar la deuda.
—¿Y si yo me negaba?
Mi madre contestó por él.
—Pensábamos que, una vez que Daniela estuviera instalada, no la echarías a la calle.
La miré, incapaz de creer lo que acababa de escuchar.
No habían intentado quitarme mi departamento solamente para facilitar la boda de mi hermana.
También habían diseñado un plan para que yo siguiera manteniendo indirectamente a toda la familia.
—¿Y por qué no me pidieron ayuda directamente?
Mi padre se quitó los lentes y se frotó los ojos.
—Porque sabíamos que tenías derecho a decir que no.
Aquella respuesta me dolió más que cualquier insulto.