Hice una pausa.
—Después me confesó que siempre había querido ser novia. Al principio no supe qué responder. Me parecía un deseo demasiado grande para alguien que tenía tan poco tiempo.
Varias personas comenzaron a llorar.
—Pero Eleanor no me pidió que la salvara. No me pidió que fingiera que iba a recuperarse. Me pidió que la ayudara a vivir una experiencia que nunca había tenido.
Miré la fotografía.
—Y aquel día aprendí que acompañar a una persona no significa solamente estar presente cuando sufre. También significa ayudarla a encontrar razones para sonreír mientras todavía puede hacerlo.
Respiré profundamente.
—No pude darle una vida entera. No pude devolverle los años que había pasado sola. Pero pude ayudarla a vivir una tarde que significó mucho para ella.
Sentí que la voz se me quebraba.