Robert asintió.
—Lo sé. No existe ninguna excusa para lo que hice.
—¿Y Susan lo sabía?
—Se enteró hace seis meses. Encontró unas cartas antiguas mientras me ayudaba a ordenar el despacho. Me obligó a contactar con Linda. Al principio pensé que ella nunca querría verme, pero aceptó reunirse conmigo.
Recordé los mensajes, las llamadas a puerta cerrada y aquella camisa impregnada de perfume.
—¿Y el perfume?
Robert cerró los ojos.
—Linda me abrazó cuando nos vimos por primera vez. Llevaba ese perfume. No sabía cómo explicártelo sin revelar el secreto antes de estar preparado.
Sentí rabia, dolor y una tristeza tan profunda que no supe cuál de las tres emociones me estaba ahogando.
—¿Y nuestra última noche juntos? ¿Qué significaba eso?
Robert tardó en responder.
—Hace dos meses fui al médico por unos dolores que no desaparecían. Después de varias pruebas, me diagnosticaron un cáncer de páncreas avanzado.