Patricia se quedó completamente quieta.
—¿Dinero? —pregunté.
Ella no respondió.
Pero su silencio fue suficiente para que comprendiera que la historia podía ser mucho más complicada de lo que habíamos imaginado.
Victoria me tocó suavemente el brazo.
—Madison, creo que deberíamos hablar en privado.
Asentí.
Antes de regresar a mi coche, miré una última vez a mi exsuegra.
—No sé qué te prometió Ryan. Pero yo no voy a pagar el precio de sus promesas.
Subí al vehículo con Victoria y cerré la puerta.
A través del parabrisas, vi cómo Patricia sacaba su teléfono y llamaba de nuevo a su hijo.
Esta vez no parecía estar exigiendo nada.
Parecía desesperada por obtener una explicación.
Y mientras los dos camiones de mudanza comenzaban lentamente a alejarse de mi portón, Victoria abrió su carpeta y sacó un último documento.
—Hay algo que todavía no te he contado, Madison —dijo—. La solicitud de crédito no es lo único que hemos encontrado. Ryan también firmó una declaración sobre sus supuestos derechos económicos durante el matrimonio.