—Llevo dos años esperando esta conversación, señora —me dijo—. Su suegra me hizo prometerle que no movería un solo papel hasta que usted tuviera la llave en la mano. «Mi nuera es la única que entra en mi casa como en la suya», me dijo. La sucesión está lista para presentarse. Y su divorcio…
—¿Mi divorcio?
—Gertrude me pidió que le recomendara a la mejor abogada de familia de la ciudad. También está lista. Ella le llamará mañana. —Hizo una pausa—. Señora… lo siento mucho. Ella la quería preparado todo para que el golpe no la encontrara descalza.
Mañana, a las nueve, Christopher aterriza en esta ciudad convencido de que su vida lo espera donde la dejó: su madre en su casa de siempre, su mujer en la cocina, su isla en secreto.
Su madre lo espera sobre una chimenea, en una urna blanca que elegí yo.