—No.
—¡No puedes terminar nuestro matrimonio por una bofetada!
Respiré despacio.
—No estoy terminando nuestro matrimonio por una bofetada. Lo estoy terminando porque esa bofetada me mostró que ya no estoy segura contigo.
Colgué.
Y bloqueé su número personal.
A partir de entonces, cualquier comunicación necesaria pasaría por los abogados.
No era una venganza.
Era un límite.
5. La reunión en la mansión
Dos semanas después, se organizó una reunión formal para revisar los asuntos pendientes de la propiedad.
Yo no acudí sola.
Elena me acompañó y la reunión se celebró con las medidas de seguridad y las condiciones que mis representantes consideraron apropiadas.
Daniel estaba sentado en el salón cuando entré.
Evelyn permanecía junto a la ventana.
Habían pasado quince días desde la bofetada y ambos parecían haber envejecido varios años.
Sobre la mesa había documentos, inventarios y una lista de gastos.