Capítulo 2: La factura escondía algo más

Salí sin esperar respuesta.

Aquella tarde, mi abogado me confirmó que el contrato de la boda seguía vigente y que cualquier modificación debía ajustarse a sus cláusulas. También continuaría la revisión de la factura y de la presentación empresarial.

Yo no iba a cancelar una celebración por despecho ni a utilizar mi posición para humillar a nadie.

Pero tampoco iba a pagar gastos personales ni cargos sin justificar.

Al anochecer, recibí un mensaje de Ethan.

«Mamá, lo siento. ¿Podemos hablar mañana? De verdad necesito explicarte algunas cosas».

Lo leí varias veces.

No respondí inmediatamente.

Porque el día de la boda se acercaba y todavía no sabía si mi hijo lamentaba haberme excluido o si simplemente se arrepentía de haber subestimado a la persona que lo había criado.

Y entonces llegó otro mensaje.

Esta vez era de Vanessa.

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