Pero había algo todavía más preocupante.
—¿Quién envió las modificaciones del presupuesto? —pregunté.
Richard me entregó una hoja con el registro de comunicaciones. La dirección de correo utilizada pertenecía a una cuenta creada para la organización de la boda. No bastaba para demostrar quién había redactado cada documento, pero había una pista clara: varios mensajes provenían de Vanessa.
—No quiero acusar a nadie sin pruebas suficientes —dije—. Pero tampoco permitiré que se aprovechen del hotel.
Richard asintió.
En ese momento, mi teléfono comenzó a sonar.
Era Ethan.
Contesté.
—Hola, hijo.
—Mamá, ¿qué está pasando? —preguntó irritado—. Vanessa dice que el hotel está haciendo preguntas sobre nuestra recepción. ¿Has hablado con alguien?
Miré a Richard, que permanecía en silencio.
—He pedido que revisen los cargos de la factura antes de realizar cualquier pago.
—¡No tenías que meterte en eso! ¡Nosotros ya lo habíamos organizado todo!