Daniel intentó protestar, pero ya no estaba dispuesta a discutir.
Recogí mis pertenencias esenciales y salí de aquella casa acompañada por Helen.
No volví a aceptar ninguna bebida preparada por él.
Durante las semanas siguientes, mi vida se convirtió en una sucesión de consultas médicas, reuniones con abogados y declaraciones.
Los médicos realizaron las evaluaciones necesarias para determinar qué sustancia había aparecido en la muestra y si podía explicar mis síntomas. También documentaron mis problemas de concentración y el cansancio que había experimentado.
Los abogados revisaron los documentos financieros y solicitaron información sobre la cuenta de inversión.
La investigación confirmó que se habían utilizado datos míos sin que yo comprendiera plenamente cómo se emplearían. También aparecieron mensajes que contradecían las explicaciones que Daniel había dado sobre su supuesto interés en protegerme.