Capítulo 2: El secreto oculto en mi bebida

Aquellas palabras me hicieron comprender que el hombre con quien compartía la cama podía ser alguien a quien nunca había conocido realmente.

Salí del consultorio con una copia del informe y las manos temblorosas.

En el estacionamiento, me senté dentro de mi automóvil sin encender el motor. Miré la fotografía de nuestra boda que llevaba en el bolso. Daniel aparecía sonriendo, con un brazo alrededor de mi cintura, mientras yo sostenía un ramo de rosas blancas.

Recordé lo que me había dicho aquel día.

—Margaret, nunca permitiré que te falte nada. Quiero cuidarte el resto de mi vida.

Entonces, aquellas palabras me habían parecido una promesa de amor.

Ahora sonaban como una advertencia.

Decidí que no podía regresar a casa y fingir que nada había ocurrido. Antes de hacer cualquier otra cosa, llamé a una antigua compañera de la escuela, Helen, una mujer discreta en quien siempre había confiado.

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