Capítulo 2: El secreto oculto en mi bebida

Era Daniel.

Contesté, intentando mantener la voz firme.

—¿Dónde estás, Margaret? —preguntó él.

—Con una amiga.

—¿Por qué te has ido de casa sin decírmelo?

Su tono había cambiado. Ya no sonaba cariñoso.

Sonaba furioso.

—Necesitaba descansar.

Hubo un silencio largo.

Entonces Daniel pronunció unas palabras que me helaron la sangre.

—Sé que has estado haciendo preguntas. Y te aconsejo que tengas mucho cuidado con las personas que intentan llenarte la cabeza de mentiras.

Me quedé paralizada.

Él sabía que algo había cambiado.

Tal vez aún no conocía todos mis descubrimientos, pero ya sospechaba que estaba perdiendo el control de la situación.

—Daniel —dije lentamente—, ¿hay algo sobre tu pasado que quieras contarme?

No respondió de inmediato.

Y cuando finalmente habló, su voz era tan fría que apenas reconocí al hombre con quien me había casado.

—Cuando vuelvas a casa, Margaret, tendremos una conversación. Pero quiero que entiendas una cosa: hay secretos que es mejor no desenterrar.

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