Sentí que el corazón se me partía.
No sabía si aquella mujer seguía siendo su esposa legal, si su matrimonio había terminado o por qué alguien me estaba enviando aquellas pruebas. Pero una cosa era evidente: Daniel me había ocultado una parte fundamental de su vida.
Miré a Samuel.
—Quiero saber quién es esa mujer.
Él asintió.
—Lo averiguaremos. Pero debemos hacerlo con cuidado y sin dar por hecho nada que todavía no hayamos confirmado.
Tomé aire y volví a mirar la fotografía.
Durante seis meses había dormido junto a un hombre que me decía que me amaba. Ahora descubría que quizá había mentido sobre su pasado, sobre sus intenciones y sobre lo que ocurría en mi propia casa.
Y justo cuando pensaba que ya no podía soportar otra sorpresa, mi teléfono volvió a sonar.