Pero yo nunca había depositado esa cantidad.
—¿De dónde salió este dinero? —pregunté.
Richard negó lentamente con la cabeza.
—Eso todavía no lo sabemos. Precisamente por eso considero necesario investigar el origen de los fondos, quién abrió la cuenta y qué relación tiene con los documentos que Daniel preparó.
Samuel tomó la copia y me aseguró que solicitaría la información pertinente por las vías legales.
Por primera vez, comprendí que el plan de Daniel podía ser mucho más complicado de lo que había imaginado.
No se trataba únicamente de conseguir mi firma.
Había movimientos financieros que nadie había explicado y documentos que podían haber sido preparados sin mi conocimiento.
Y, mientras los abogados examinaban las pruebas, todavía quedaba una pregunta que me atormentaba.
¿Por qué un empresario joven, con tanto dinero y tantas propiedades, había elegido casarse con una maestra jubilada de sesenta y cuatro años?