¿Había sido todo una actuación?
Samuel pasó a la última página.
Allí aparecía una nota escrita a mano, acompañada de una fecha anterior a nuestra boda.
La letra era de Daniel. La reconocí inmediatamente.
Decía:
«Cuando la autorización esté completa, podremos continuar con la siguiente fase».
Debajo figuraba el nombre de otra persona.
No era Richard Coleman.
No era Samuel Brooks.
Era el nombre de alguien a quien yo conocía desde hacía más de veinte años.
Alguien que había asistido a nuestra boda.
Alguien que me había abrazado y felicitado por haber encontrado, por fin, un hombre que me amara.
Levanté la mirada hacia Samuel, sintiendo que la sangre abandonaba mi rostro.
—No puede ser —murmuré—. Esa persona no haría algo así.
El abogado acercó la página hacia mí.
—Margaret, antes de sacar conclusiones, necesitamos hablar con ella y confirmar su participación.