—No que yo recuerde.
—¿Autorizó a su esposo a administrar sus cuentas, vender propiedades o tomar decisiones legales en su nombre?
—Nunca. Daniel me dijo que no necesitaba preocuparme por el dinero porque él se ocuparía de todo.
El abogado dejó las fotografías sobre el escritorio.
—Eso es precisamente lo que debemos comprobar.
Me pidió que recordara cualquier documento que Daniel me hubiera presentado durante los últimos meses.
Entonces recordé una tarde, poco después de nuestra boda, en la que me había pedido que firmara unos papeles.
Me había dicho que eran formularios para actualizar nuestros datos matrimoniales y facilitar algunos trámites bancarios.
Yo confiaba en él.
Firmé sin leer cada página.
Sentí náuseas al recordarlo.
—Creo que firmé algo —confesé—. Pero no sé exactamente qué era.
Samuel no me reprendió.
—No se culpe por haber confiado en su esposo. Ahora vamos a averiguar qué firmó y qué consecuencias tiene.