Arthur asintió lentamente.
—Su abuelo creó un fondo educativo. Su padre tenía acceso limitado a ciertos pagos destinados exclusivamente a su manutención y formación.
—Pero me quitó hasta mis propios ahorros.
La expresión del abogado se endureció.
—Eso también tendremos que investigarlo.
Volví a mirar la carta.
«Caleb, tu padre no me apartó de tu vida por una discusión familiar. Lo hizo porque descubrí que había utilizado documentos falsificados para obtener dinero de una de mis empresas.
Cuando amenacé con denunciarlo, me advirtió que desaparecería contigo y que jamás volvería a verte».
Una lágrima cayó sobre el papel.
Durante toda mi infancia había creído que nadie de la familia de mi padre quería conocerme.
Y ahora descubría que alguien había pasado años intentando encontrarme.
—¿Por qué no vino a buscarme? —pregunté con la voz rota.