—¿Por qué?
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Porque descubrió que alguien había intentado vender parte de la granja sin tu autorización.
Sentí que el corazón comenzaba a acelerarse.
—¿Quién?
Mi madre abrió la boca.
Pero antes de que pudiera responder, una voz sonó detrás de nosotros.
—¡Margaret!
Mi padre estaba junto a las escaleras.
Su rostro había perdido todo el color.
Miraba a mi madre con una expresión que jamás había visto.
Miedo.
—No digas una palabra más —ordenó.
Mi madre retrocedió.
Yo permanecí inmóvil.
Después miré directamente a mi padre.
—¿Qué ocurrió aquella noche?
Robert apretó los puños.
—No tienes derecho a interrogarme.
Respiré profundamente.
—Acabas de demandarme por una propiedad que mi abuelo me dejó legalmente. Creo que tengo derecho a conocer la verdad.
Mi padre guardó silencio.
Entonces mi madre comenzó a llorar.