Hubo un silencio breve al otro lado.
—¿Estás hablando de tu casa de El Marqués?
—Sí.
—¿Qué pasó?
—Mi padrastro cambió la situación de la casa mientras mi madre y él estaban de luna de miel. Empacaron mis cosas y me impiden entrar.
La voz de la abogada se volvió seria.
—No fuerces la entrada ni tengas una confrontación física. Conserva los mensajes, las fotografías y el recibo de la bodega. Voy a revisar las escrituras y el expediente. Necesito saber si existe algún contrato de arrendamiento, comodato u otro acuerdo que les dé derecho a ocupar la propiedad.
—No hay contrato. Mi madre vivía conmigo porque yo la invité. Héctor empezó a quedarse después.
—De acuerdo. No significa que podamos resolverlo a gritos ni cambiar cerraduras sin valorar la situación. Pero si la propiedad está inscrita a tu nombre, eso es fundamental. Dame un momento para revisar los documentos.