No hice nada espectacular.
Solo empecé a recuperar cada rincón.
En el trabajo me ascendieron a coordinador de proyectos. Seguí pagando mi hipoteca y volví a ahorrar.
También empecé a salir con amigos, algo que había dejado de hacer porque siempre estaba preocupado por mantener a mi familia a flote.
Mi madre, por su parte, comenzó a reconstruir su vida.
Su separación de Héctor no fue sencilla. Hubo conversaciones legales, documentos que necesitó revisar y decisiones económicas que tuvo que tomar por su cuenta.
Yo no me involucré más de lo necesario.
La ayudé a encontrar asesoría independiente, pero no pagué sus deudas ni asumí obligaciones que no me correspondían.
Por primera vez, nuestra relación empezó a existir fuera del dinero.
A veces tomábamos café los domingos.
Otras semanas hablábamos por teléfono.
Hubo ocasiones en las que ella intentó volver a comportarse como antes, esperando que yo resolviera un problema apenas lo mencionaba.