Mi madre sabía que mis pertenencias estarían en una bodega cuando regresara.
Y había permitido que sucediera.
Sentí que algo se cerraba dentro de mí.
No era mi amor por ella.
Era la última esperanza de que, llegado el momento, me elegiría a mí antes que a un hombre al que apenas llevaba unos meses conociendo.
Saqué el teléfono.
Héctor soltó una carcajada.
—¿Qué vas a hacer? ¿Llamar a tus amigos para que vengan a rescatarte?
—No.
Abrí la aplicación del banco, pero no para hacer ninguna transferencia.
Busqué el número de la abogada que había llevado la compraventa de mi casa.
Contestó al tercer tono.
—¿Bueno?
—Licenciada, soy Daniel. Necesito hacerle una pregunta urgente.
—Dime.
Miré a Héctor a los ojos.
—Si el propietario registrado de una casa es expulsado de la propiedad por dos personas que viven allí, ¿qué puede hacer legalmente?