Leticia respiró profundamente.
—Durante la luna de miel, Héctor me dijo que había hablado contigo y que tú estabas de acuerdo en que nos quedáramos con la casa. Me dijo que solo faltaba organizar algunos documentos.
—Yo nunca hablé con él de eso.
—Ahora lo sé.
Abrió la libreta.
Entre varias anotaciones había una lista de gastos, números de teléfono y una frase escrita con la letra de Héctor:
Daniel debe salir antes de que se complique el asunto del crédito.
La leí tres veces.
—¿Qué crédito, mamá?
Ella negó con la cabeza.
—No lo sé. Encontré esa libreta en el cajón de su escritorio. Él me dijo que eran notas de trabajo, pero cuando vi tu nombre, la guardé.
Me quedé inmóvil.
No era una prueba concluyente de fraude.
Pero era una pista importante.
Y, sobre todo, demostraba que Héctor había estado pensando en mí y en la casa antes de que me expulsara.