Tu madre va a terminar odiándote por esto.
Si quieres guerra, la vas a tener.
Guardé todas las capturas y se las envié a Mariana.
Esa noche llegó un último mensaje.
La casa también es de mi esposa. Tengo derechos. No puedes hacer lo que quieras.
Mariana me explicó que la situación debía analizarse conforme a los documentos y las circunstancias concretas, pero que el matrimonio de mi madre no convertía automáticamente a Héctor en propietario de un inmueble adquirido e inscrito a mi nombre.
Lo importante era no confundir la titularidad de la propiedad con cualquier posible derecho de ocupación que debiera resolverse por la vía legal.
Así que no respondí.
Al día siguiente, Héctor hizo algo que no esperaba.
Publicó en redes sociales una fotografía de mi madre frente a la casa.
El texto decía: