No porque Héctor estuviera a punto de caer.
Sino porque yo había dejado de actuar desde el dolor y estaba empezando a actuar con pruebas.
Y eso era mucho más peligroso para alguien que confiaba en que yo terminaría cediendo.
5. Héctor cometió su segundo error
La notificación formal llegó a la casa un jueves por la mañana.
En ella se le comunicaba a Héctor y a mi madre que yo estaba reclamando acceso a la propiedad, la devolución de mis pertenencias y una solución legal respecto de su permanencia en el inmueble.
No era una orden de desalojo inmediata.
Tampoco una sentencia.
Era el inicio de un procedimiento que debía seguir los pasos correspondientes.
Pero Héctor reaccionó como si alguien hubiera declarado la guerra.
Me llamó quince veces.
No contesté.
Después me envió mensajes.
No sabes con quién te estás metiendo.