Valeria no hizo acusaciones precipitadas. Reunió los estados de cuenta, guardó los correos electrónicos y solicitó una revisión formal de los documentos.
Después llamó a un abogado especializado en asuntos financieros.
—No quiero que nadie termine en problemas por algo que no haya hecho —le explicó—. Pero tampoco voy a seguir pagando deudas que no me corresponden.
El abogado fue claro.
—Primero debemos determinar qué firmó usted realmente, qué obligaciones son válidas y si existe alguna irregularidad. No deje de atender ninguna notificación oficial y no firme acuerdos nuevos sin revisarlos.
Valeria siguió sus instrucciones.
Por primera vez, estaba protegiendo su futuro con la misma determinación con la que había protegido durante años el de su familia.
Y mientras ella ordenaba sus documentos, en la casa de Zapopan todo parecía continuar como siempre.
Al menos durante unos días.
En casa de Estela, la fiesta seguía
—¿Alguien ha visto mi tarjeta? —preguntó Brayan una noche, abriendo cajones de la sala.