Aquella misma tarde solicitó una copia de su historial crediticio y pidió al banco que le proporcionara información sobre cualquier obligación financiera asociada con su identidad.
No quería vengarse de nadie.
Quería saber exactamente qué estaba ocurriendo.
Una semana después, recibió la documentación.
Había varias cosas que no cuadraban.
Los pagos que ella había realizado durante años estaban registrados como abonos a la hipoteca. Sin embargo, en el expediente aparecía un documento que supuestamente contenía su firma.
Una firma que ella no reconocía como propia.
También descubrió cargos de una tarjeta de crédito adicional vinculada a la cuenta de su padre. Había compras de electrónicos, ropa de marca, restaurantes y retiros que Valeria jamás había autorizado personalmente.
Algunos cargos parecían corresponder a los gastos de Brayan.
Otros no tenían explicación.