—¡No puedes acusarnos de falsificar nada!
—No estoy acusando a nadie sin pruebas, papá. Estoy pidiendo que se investigue.
—¡Somos tu familia!
—Precisamente por eso debieron ser honestos conmigo.
En ese momento, sonó el timbre.
El abogado de Valeria había llegado.
Poco después, el representante bancario se incorporó a la reunión para explicar el estado del crédito y las opciones que los titulares podían explorar.
La conversación fue larga y difícil.
No hubo una solución milagrosa.
El banco no canceló la deuda por compasión. Tampoco prometió que la casa estaría a salvo sin condiciones.
Héctor y Estela tuvieron que escuchar las cifras, las fechas límite y las consecuencias posibles de continuar sin pagar.
También tuvieron que aceptar que Valeria no estaba legalmente obligada a resolver todos sus problemas solo porque había contribuido económicamente durante años.