Estela se secó las lágrimas.
—Pero eres nuestra hija.
—Sí. Y ustedes son mis padres. Eso no cambia los documentos ni convierte todas sus deudas en obligaciones mías.
—¡Nos estás abandonando! —exclamó Héctor.
Valeria lo miró directamente.
—Ustedes me echaron de esta casa porque no quise seguir prestándole mi coche a Brayan. Me dijeron que no pagaba renta, que no tenía derecho a quejarme y que, si no me gustaba, me fuera.
Héctor bajó la mirada.
—Estábamos enojados.
—Yo también estaba enojada. Pero no les grité que se largaran de mi vida. No los humillé. No les dije que eran una carga.
Brayan cruzó los brazos.
—¿Entonces qué quieres? ¿Que nos quedemos sin casa para que puedas sentirte superior?
Valeria se volvió hacia él.
—Quiero que dejes de confundir las consecuencias con la venganza.
La frase cayó sobre la mesa como una piedra.