—¿Así me vas a saludar? ¿Después de todo lo que estamos pasando?
—Vine a resolver un asunto financiero. No a discutir.
Héctor apareció detrás de ella.
—Pasa.
Valeria entró.
La cocina seguía oliendo a café, pero aquella vez no había tocino ni tortillas calientes. Sobre la mesa descansaban las cartas del banco, varios estados de cuenta y una carpeta que su padre había sacado de un cajón.
Brayan estaba sentado junto a la ventana.
No tenía su habitual sonrisa.
—¿Trajiste dinero? —preguntó, sin rodeos.
Valeria lo miró.
—No.
—¿Cómo que no? ¡Nos pueden quitar la casa!
—Y tú sigues preguntándome por dinero antes de preguntarme cómo estoy.
Brayan abrió la boca, pero no encontró una respuesta.
Valeria dejó su carpeta sobre la mesa.
—Mi abogado está en camino. El representante del banco nos explicará las opciones disponibles. Primero quiero dejar algo claro: no voy a firmar documentos nuevos ni asumir deudas que no me correspondan.