Estela comenzó a llorar.
—¡Pero nosotros siempre hemos pagado!
El representante miró el expediente.
—En los últimos años se registraron pagos provenientes de una cuenta de una tercera persona. Actualmente, esos abonos ya no se están realizando.
Héctor apretó la mandíbula.
—Nuestra hija se encargaba de eso.
—Entiendo. Sin embargo, necesitamos hablar con los titulares del crédito sobre sus opciones y obligaciones.
Brayan apareció en las escaleras, despeinado y con el teléfono en la mano.
—¿Qué pasa?
Nadie le respondió.
Miró a los visitantes y luego a su madre.
—¿Quiénes son esos?
Estela se llevó una mano al pecho.
—Son del banco.
Por primera vez en su vida, Brayan pareció comprender que las consecuencias de sus actos podían alcanzar la puerta de su propia casa.
—¿Y Valeria? —preguntó—. ¿Por qué no está pagando?
Su padre se giró hacia él.
—¡Porque se fue!