Y su firma aparecía en una autorización que mi padre había intentado cuestionar antes de morir.
Comprendí entonces que la verdadera historia de Fort Blackridge no había comenzado con mi investigación.
Había comenzado mucho antes.
Dentro de nuestra propia familia.
Y aquella noche, mientras todos celebraban mi ascenso, estábamos a punto de descubrir por qué mi padre había guardado silencio hasta su muerte.