Participé en actividades de liderazgo y aprendí a trabajar en equipo.
También aprendí que la disciplina no significa castigar al cuerpo hasta que deje de quejarse.
Significa conocer tus límites, prepararte con inteligencia y continuar avanzando de manera responsable.
Cuando finalmente recibí la notificación de admisión al programa de formación que había elegido, me quedé mirando la pantalla durante casi un minuto.
Después corrí a la cocina.
—¡Rachel!
Ella salió del salón.
—¿Qué ha pasado?
Le mostré el correo.
Lo leyó una vez.
Después otra.
Y luego me abrazó con tanta fuerza que ambas terminamos llorando.
—Lo conseguiste —susurró.
Negué con la cabeza.
—Todavía tengo que terminar la formación.
Rachel se apartó y me miró con una sonrisa.
—Entonces terminarás la formación.
No dijo que sería fácil.
No me prometió que sería la mejor.