Margaret comenzó a temblar.
—Escuché un golpe. Cuando subí, el señor Marcus ya se había marchado.
—¿Viste su abrigo?
Asintió.
—Era de color camel.
Sentí un escalofrío.
—¿Tenía algún daño?
Margaret se quedó pensativa.
—Recuerdo que llevaba una mano sobre el pecho, como si estuviera sujetando algo.
Miré el botón.
Todo parecía apuntar hacia él.
Pero todavía faltaba una pieza.
—¿Cuándo encontraste a Claire?
—Veinte minutos después. Estaba inconsciente junto a la cama.
Margaret comenzó a llorar.
—Había un frasco abierto sobre la mesita. Pensé que había tomado demasiadas pastillas.
Me levanté lentamente.
—No fue culpa tuya.
La mujer me miró con tristeza.
—Señor Vincent, hay algo más.
Me detuve.
—¿Qué?
—Antes de que llegara el señor Marcus, la señora Claire recibió una llamada.
Sentí un escalofrío.
—¿De quién?
Margaret negó.