Pero todavía faltaba comprender por qué Theo estaba involucrado.
Y la respuesta llegó veinte minutos después.
El detective Brooks me llamó.
—Señor Hale, encontramos el automóvil de Vanessa.
Sentí un escalofrío.
—¿Dónde?
—Cerca del puerto.
Mi corazón comenzó a latirme desesperadamente.
—¿Está ella?
—No.
Respiré profundamente.
—¿Encontraron algo?
Brooks guardó silencio.
Después respondió:
—Un teléfono desechable y una nota.
Me quedé inmóvil.
—¿Qué dice?
El detective respiró profundamente.
—La nota contiene una dirección y una hora.
Sentí un escalofrío.
—¿Qué dirección?
—Un almacén en la zona norte del puerto.
Mi sangre se heló.
El mismo lugar que aparecía en la fotografía de Marcus.
—¿Y la hora?
—Esta noche, a las once.
Me quedé completamente inmóvil.
Entonces Brooks añadió:
—Hay otra cosa, señor Hale.
Fruncí el ceño.
—¿Qué?
—Hemos recuperado algunos mensajes del teléfono.