—Mamá…
Ella se detuvo junto a la puerta.
—No vuelvas a llamarme así hasta que me digas la verdad.
Sentí un nudo en la garganta.
—¿Qué verdad?
—La que has estado ocultando para destruir a tu padre.
La miré sin comprender.
—Yo no he destruido a nadie. Él me golpeó.
Su rostro se endureció.
—Tu padre dice que intentaste atacarlo y que lo amenazaste con una grabación falsa.
Me quedé sin palabras.
—¡Yo estaba inconsciente!
—Eso no demuestra que seas inocente.
La enfermera dio un paso adelante.
—Señora Santos, por favor, mantenga la calma.
Mi madre la ignoró.
—¿Sabes lo que está sufriendo tu padre? Los empleados están haciendo preguntas. La familia está avergonzada. La gente habla de nosotros.
Las lágrimas comenzaron a correrme por las mejillas.
—¿Y yo, mamá? ¿Has pensado en mí? ¿Sabes que tuve que aprender a respirar sin sentir que me rompía por dentro? ¿Sabes que pasé catorce días sin despertar?