PARTE 2: DESPERTÉ DEL COMA Y DESCUBRÍ QUE MIS PROPIOS PADRES QUERÍAN SILENCIARME… PERO MI TELÉFONO GUARDABA UN SECRETO QUE PODÍA DESTRUIRLOS

Me miró directamente a los ojos.

—Y hay algo que quiero que entiendas. No tienes que demostrar que tu padre fue infiel para justificar lo que te hizo. Ninguna discusión, ninguna grabación y ninguna acusación justifican una agresión.

Aquellas palabras me hicieron llorar.

Porque, en el fondo, todavía buscaba alguna razón que explicara por qué mi padre me había golpeado.

Como si encontrar una razón pudiera devolverme la vida que tenía antes.

Pero no había ninguna excusa.

Y yo no era responsable de su violencia.

2. La visita que nunca olvidaré

A la mañana siguiente, desperté con la voz de mi madre en el pasillo.

—¡Soy su madre! ¡Tengo derecho a verla!

Reconocería aquella voz entre mil.

Durante mi infancia, había sido la voz que me llamaba para cenar, la que me cantaba cuando tenía fiebre y la que me prometía que ningún hombre me haría daño mientras ella estuviera viva.

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