PARTE 2: DESPERTÉ DEL COMA Y DESCUBRÍ QUE MIS PROPIOS PADRES QUERÍAN SILENCIARME… PERO MI TELÉFONO GUARDABA UN SECRETO QUE PODÍA DESTRUIRLOS

En el último párrafo decía:

«No sé si algún día podrás perdonarme. Pero quiero que sepas que nunca pensé que las cosas llegarían tan lejos».

Leí esa frase varias veces.

Nunca pensé que las cosas llegarían tan lejos.

No decía que lamentaba haberme golpeado.

No reconocía el miedo que me había causado.

No mencionaba los catorce días que pasé en coma.

Hablaba de las consecuencias para él.

Doblé la carta y la guardé en un cajón.

No respondí.

Quizá algún día lo haría.

Quizá nunca.

Por primera vez, esa decisión me pertenecía por completo.

Esa tarde, Teresa vino a visitarme.

Nuestra relación seguía siendo delicada. Habíamos aprendido a hablar, pero todavía había heridas que necesitaban tiempo.

Preparé una tarta de fresas.

Cuando la saqué del horno, mi madre se quedó mirando la fruta que había sobrado sobre la mesa.

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