PARTE 2: DESPERTÉ DEL COMA Y DESCUBRÍ QUE MIS PROPIOS PADRES QUERÍAN SILENCIARME… PERO MI TELÉFONO GUARDABA UN SECRETO QUE PODÍA DESTRUIRLOS

Regresé a la pequeña tienda donde había comprado las fresas.

La dependienta me reconoció.

—¡Valeria! Hace mucho que no te veía.

Sonreí.

—He tenido un año complicado.

Compré una caja de fresas y salí a la calle.

El aire estaba fresco.

Los coches pasaban a mi alrededor y la gente caminaba con sus bolsas, sus teléfonos y sus preocupaciones cotidianas.

Todo parecía normal.

Y, sin embargo, yo ya no era la misma persona que había entrado en aquella tienda tantos meses atrás.

Había aprendido a pedir ayuda.

Había aprendido que poner límites no era una forma de crueldad.

Había aprendido que el amor no obliga a soportar la violencia.

Y había aprendido que una familia no deja de ser importante cuando uno se niega a guardar silencio.

Mi teléfono nuevo vibró.

Era un mensaje de Martina.

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