Los investigadores también encontraron mensajes en los que mi padre preguntaba si la copia del vídeo seguía existiendo.
Esos mensajes no demostraban por sí solos la agresión, pero reforzaban la hipótesis de que estaba preocupado por la información que yo había guardado.
La grabación del motel fue autenticada.
Confirmó que mi padre había estado con Verónica aquella noche.
Pero la prueba más importante para el caso de la agresión no fue el vídeo de la infidelidad.
Fue la combinación de evidencias: las lesiones documentadas por los médicos, las circunstancias en que me encontraron, los testimonios, las comunicaciones recuperadas y los demás elementos que la policía había reunido.
La defensa intentó presentar el caso como un conflicto familiar exagerado por el resentimiento.
Pero los hechos no desaparecieron por cambiarles el nombre.
Una discusión no explica por sí sola unas lesiones tan graves.