PARTE 2: DESPERTÉ DEL COMA Y DESCUBRÍ QUE MIS PROPIOS PADRES QUERÍAN SILENCIARME… PERO MI TELÉFONO GUARDABA UN SECRETO QUE PODÍA DESTRUIRLOS

Sentí que el corazón se me detenía.

—¿El vídeo del motel?

—Sí.

Cole giró la tableta hacia mí.

En la pantalla aparecía el aparcamiento del establecimiento.

El vídeo era inestable. Se escuchaba el ruido del tráfico y mi respiración mientras intentaba mantener el teléfono firme.

Entonces apareció el coche plateado de mi padre.

Se detuvo frente a la entrada.

La puerta del conductor se abrió.

Ricardo Santos salió del vehículo y miró alrededor.

Después, una mujer de cabello castaño apareció junto a él.

Se besaron.

Ella le dijo algo que el micrófono apenas captó.

Mi padre sonrió, le tomó la mano y ambos entraron en el motel.

Me cubrí la boca.

No porque dudara de lo que veía.

Sino porque verlo convertido en una prueba hacía que todo pareciera irreversible.

—¿Quién es ella? —pregunté.

Cole consultó sus notas.

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