Le apreté la mano.
—¿Encontraste el correo?
Martina asintió.
Sacó su teléfono y abrió una carpeta con varios archivos.
—Habías compartido conmigo una copia de seguridad meses atrás. Me dijiste que era importante conservarla porque contenía documentos de tu trabajo.
Mi corazón comenzó a latir más rápido.
—¿Y estaba el vídeo?
—No estaba en esa carpeta. Pero encontré algo más.
Me mostró una captura de pantalla de un correo que yo había enviado a mi propia dirección.
El asunto decía:
«Si algo sale mal, revisa los archivos archivados».
Debajo aparecía un enlace a una cuenta de almacenamiento en línea.
—No he abierto el contenido —aclaró Martina—. Quería esperar a que la policía me dijera cómo proceder.
La miré con gratitud.
—Hiciste lo correcto.
Ella bajó la voz.
—Valeria, hay otra cosa. Tu padre llamó ayer a mi trabajo.