PARTE 2: La anciana sin hogar tenía la marca de nacimiento de mi hermana desaparecida… y mi marido sabía algo que podía destruir nuestras vidas

Nuestro padre había muerto cuando yo era pequeña y nuestra madre nos había criado prácticamente sola. No teníamos una fortuna, pero tampoco nos faltaba amor.

Lucía era traviesa, inteligente y tenía una risa que podía llenar toda la casa.

Yo era la responsable.

Ella era la soñadora.

Siempre decía que algún día viviríamos juntas en una casa enorme, con un jardín lleno de flores y una habitación para cada una.

—Y cuando seamos viejas —me decía—, tú seguirás cuidando de mí.

Yo me reía.

—Cuando seamos viejas, probablemente serás tú quien tenga que cuidarme a mí.

Entonces me abrazaba y apoyaba la cabeza en mi hombro.

Nunca imaginé que aquellas palabras terminarían persiguiéndome durante dos décadas.

La noche de su desaparición había llovido intensamente.

Nuestra madre trabajaba en un hospital y yo estaba preparando la cena cuando Lucía me dijo que saldría un momento para encontrarse con una amiga.

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