PARTE 2: La anciana sin hogar tenía la marca de nacimiento de mi hermana desaparecida… y mi marido sabía algo que podía destruir nuestras vidas

Me acerqué lentamente a la bañera y le mostré la fotografía.

—Lucía… —dije, aunque todavía no sabía si tenía derecho a pronunciar aquel nombre—. ¿Reconoce a esta niña?

La anciana observó la imagen.

Al principio, su expresión permaneció vacía.

Después, sus labios comenzaron a temblar.

Extendió una mano huesuda y rozó la fotografía con la punta de los dedos.

—Esa niña…

Su voz se quebró.

—¿Quién es? —preguntó.

Las lágrimas comenzaron a correrme por las mejillas.

—Es mi hermana.

La mujer cerró los ojos.

Y entonces ocurrió algo que nunca olvidaré.

Se llevó ambas manos a la cabeza y empezó a respirar con dificultad.

—No… No puede ser…

—¿Qué sucede?

—Yo… yo conozco esa cara.

La miré fijamente.

—¿Recuerda algo?

La anciana comenzó a llorar.

—Una casa blanca… Un jardín… Una niña que me toma de la mano…

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