Lo miré sin poder creerlo.
—¿Y tampoco me lo dijiste?
—No. Me convencí de que no tenía relación con su desaparición.
—¿Por qué?
Alejandro levantó los ojos.
—Porque tenía miedo de descubrir que mi padre había hecho algo terrible.
Su voz se quebró.
—Toda mi vida lo admiré. Construí mi empresa intentando seguir sus pasos. Si hubiera reconocido que podía estar implicado en algo así, habría tenido que enfrentarme a todo lo que creía saber de él.
Sentí que las lágrimas me quemaban los ojos.
—Mientras tú protegías el recuerdo de tu padre, yo lloraba a mi hermana.
—Lo sé.
—Mientras tú protegías tu apellido, mi madre murió sin saber qué le había pasado a su hija.
Alejandro comenzó a llorar.
Nunca lo había visto así.
—No tengo ninguna excusa.
Se acercó, pero levanté una mano para detenerlo.