PARTE 2: La anciana sin hogar tenía la marca de nacimiento de mi hermana desaparecida… y mi marido sabía algo que podía destruir nuestras vidas

También había sido la cantidad de personas que quizá sabían algo y eligieron callar.

La confesión de Alejandro

Regresamos a casa al anochecer.

Lucía estaba en la sala, viendo fotografías antiguas con la enfermera.

Cuando me vio, sonrió.

—¿Encontraste algo?

Me senté a su lado y le tomé la mano.

—Sí. Encontramos una carta de mamá.

Lucía comenzó a llorar.

—¿Mamá sabía que yo estaba viva?

No pude responder inmediatamente.

—No lo sé, cariño. Pero sabía que algo podía ocurrir y dejó documentos para que algún día encontráramos respuestas.

Lucía apretó el relicario contra su pecho.

Alejandro permaneció de pie, en silencio.

Después pidió hablar conmigo a solas.

Subimos al despacho.

Él cerró la puerta y se quedó mirando sus manos.

—Hay algo que debo confesarte.

Sentí un cansancio inmenso.

—Te escucho.

—Hace años, encontré una carta de mi padre en la que mencionaba a tu familia. No entendí el contexto y nunca investigué. Cuando me hablaste por primera vez de la desaparición de Lucía, recordé el nombre de tu madre en aquella carta.

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